Un fragante crimen de guerra
mueren personas, tanto soldados, como victimas civiles, pero no son los únicos que mueren, puesto que también muere la verdad, ya que matando la verdad, pueden alterar la realidad de los hechos. En eso, los norteamericanos son auténticos expertos.
En las guerras,
Hoy hace cuatro años de aquel 8 de abril del 2003. Fecha en la cual, una
avanzadilla de las tropas invasoras norteamericanas entraron en la ciudad de
Bagdad, capital de Irak. Preludio de lo que pasaría al día siguiente, que fue
cuando el grueso de las tropas invasoras se hicieron con el control del centro de
la ciudad de Bagdad.
Aquel 8 de abril, a consecuencia de un acto cometido deliberadamente por las
fuerzas militares que invadían Irak. El periodista José Couso Permuy, de 38 años
y padre de dos hijos de seis y tres años, murió a raíz de las heridas mortales que
le produjo el proyectil lanzado desde un tanque norteamericano que se
encontraba relativamente cercano al hotel Palestina. Que era donde se
encontraba el grueso de los medios de comunicación que estaban cubriendo
informativamente los acontecimientos originados por la guerra que produjo la
infame invasión de Irak.
Obviamente, el mando militar de las fuerzas invasoras, era plenamente conocedor
del hecho de que en el hotel Palestina se encontraban la mayoría de los miembros
de los medios de comunicación que estaban cubriendo la guerra.
Tras lo ocurrido, el mando militar se despacho argumentando que sus soldados
creyeron haber detectado fuerzas hostiles en el edificio del hotel Palestina. Y
horas después, tras quedar evidente que era falso aquello que esgrimía el mando
militar de las tropas invasoras, lo achacaron a un lamentable error, producto de
que sus soldados se encontraban bajo fuego enemigo. La cual cosa era una
rotunda falsedad, puesto que los norteamericanos fueron los únicos que
utilizaron proyectiles de gran calibre, frente a unas mermadas fuerzas iraquíes
que se encontraban en franca retirada, o rindiéndose sin oponer resistencia
alguna.
En aquel mismo día, 8 de abril, los norteamericanos también atacaron el edificio
desde donde emitía una televisión árabe.
A consecuencia de lo ocurrido, la familia de José Couso pidió que se aclarasen las
circunstancias que dieron lugar a que las tropas invasoras norteamericanas
disparasen contra el edificio donde se encontraba la prensa, la cual estaba allí
para informar del desarrollo de la guerra.
Poco días después de lo sucedido, la que era la ministra de Asuntos Exteriores
del impresentable de ese tal Aznar, Ana Palacio, dijo que, la muerte en Irak del
cámara de Telecino José Couso "aún en el caso de que fuera un error de un
blindado, no es una cuestión para condenar a un país, no tiene entidad desde el
punto de vista del Gobierno". Imagino que, sí tendría entidad en el caso de
haberse dado la situación en que el asesinado hubiera sido el hijo de aquel que
la nombró como ministra.
La familia de José Cuoso, viendo como se desarrollaban los hechos, hizo público
un comunicado, en el cual entre otras cosas se exponían que,: “se trata de un
brutal crimen de guerra, ya que tal hecho viola el protocolo adicional numero 1 de
1997 de la convención de Ginebra”.
En aquel mismo infame ataque, también murió el cámara ucraniano Taras Protsyuk,
de 35 años de edad, quien trabajaba para la agencia británica Reuters,
Precisamente, un día antes, también perdió la vida otro periodista, Julio Anguita
Parrado, de 32 años de edad, el cual se encontraba en Irak cubriendo la guerra
para un medio de comunicación de prensa escrita. A diferencia de lo sucedido a
José Couso y de Taras Protsyuk, Julio Anguita Parrado, informaba estando
dentro del contingente militar que mediante mentiras, originó la infausta invasión
del país soberano de Irak, por lo que se encontraba en una situación en la que
bien podía ser objeto de un ataque por parte de los defensores de Irak, que
legítimamente repelían la infame invasión perpetrada por las nefastas tropas
anglo-norteamericanas.
Se da la circunstancia, de que el periodista Julio Anguita Parrado, era hijo de Julio
Anguita, quien pocos años antes, era el dirigente que encabeza la formación
política genuinamente de izquierda del país. Formación política que tanto cuando
él la encabezaba, como también en la época en que se produjeron los hechos, se
mostraron enérgicamente contrarios a que las cuestiones se dirimiesen mediante
la fuerza, a trabes de actos de guerra.
En es trágico suceso, junto a él, falleció también Christian Liebig, de 35 años de
edad, reportero del semanario alemán Focus.
Julio Anguita, el cual siendo líder de la izquierda, siempre mostró su contrariedad
a la utilización de la fuerza. Al conocer la trágica muerte de su hijo, maldicio
amargamente la existencia de aquello que eran responsables de esa abominable
guerra.
Como las autoridades, tanto las norteamericanas, como también las autoridades
españolas, no mostraban predisposición para que se llevase a efecto el
esclarecimientos de los hechos. La familia de José Cuoso presentó una demanda
ante los tribunales, para que estos instruyeran el caso a fin de aclarecer lo
ocurrido.
La justicia española, tras estudiar el caso, dictó orden internacional de busca y
captura de los militares involucrados en los hechos que causaron la muerte de
José Couso. Estos militares han sido requeridos para esclarecer los hechos por
los cuales se disparo contra el edificio donde de encontraba la prensa, causando
la muerte de dos periodistas, José Couso y Taras Protsuk.
Se ha tenido que dictar orden internacional de busca y captura, porque los
norteamericanos no han accedido a cooperar con la justicia, ya que sostienen
que sus tropas no deben presentarse ante tribunales ajenos a sus propios
tribunales.
Al tratarse de un crimen de guerra, judicialmente, los acontecimientos ocurridos
no prescriben, por lo que aunque pasen años, estos militares, si algún día salen
del territorio norteamericano, podrán ser llevados ante la justicia, para aclarar lo
sucedido.
Imagino, que de haber controlado la incomoda presencia de los medios de
comunicación, habrían podido escenificar deliberadamente el escenario idóneo,
para hacer creer al mundo que habían encontrado las tan temibles armas de
destrucción masivas, las cuales eran una terrible amenaza para el “mundo
libre”. Y digo “mundo libre” entre comillado, porque el mundo no es libre si se le
utiliza mediante mentiras.
