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La Coctelera

PIENSO, LUEGO EXISTO

HIPOCRESÍA NO

8 Abril 2007

Un fragante crimen de guerra

En las guerras,

mueren personas,

tanto soldados,

como victimas

civiles, pero no

son los únicos

que mueren,

puesto que

también muere la

verdad, ya que

matando la

verdad, pueden

alterar la realidad

de los hechos. En

eso, los

norteamericanos son auténticos expertos.

Hoy hace cuatro años de aquel 8 de abril del 2003. Fecha en la cual, una

avanzadilla de las tropas invasoras norteamericanas entraron en la ciudad de

Bagdad, capital de Irak. Preludio de lo que pasaría al día siguiente, que fue

cuando el grueso de las tropas invasoras se hicieron con el control del centro de

la ciudad de Bagdad.

Aquel 8 de abril, a consecuencia de un acto cometido deliberadamente por las

fuerzas militares que invadían Irak. El periodista José Couso Permuy, de 38 años

y padre de dos hijos de seis y tres años, murió a raíz de las heridas mortales que

le produjo el proyectil lanzado desde un tanque norteamericano que se

encontraba relativamente cercano al hotel Palestina. Que era donde se

encontraba el grueso de los medios de comunicación que estaban cubriendo

informativamente los acontecimientos originados por la guerra que produjo la

infame invasión de Irak.

Obviamente, el mando militar de las fuerzas invasoras, era plenamente conocedor

del hecho de que en el hotel Palestina se encontraban la mayoría de los miembros

de los medios de comunicación que estaban cubriendo la guerra.

Tras lo ocurrido, el mando militar se despacho argumentando que sus soldados

creyeron haber detectado fuerzas hostiles en el edificio del hotel Palestina. Y

horas después, tras quedar evidente que era falso aquello que esgrimía el mando

militar de las tropas invasoras, lo achacaron a un lamentable error, producto de

que sus soldados se encontraban bajo fuego enemigo. La cual cosa era una

rotunda falsedad, puesto que los norteamericanos fueron los únicos que

utilizaron proyectiles de gran calibre, frente a unas mermadas fuerzas iraquíes

que se encontraban en franca retirada, o rindiéndose sin oponer resistencia

alguna.

En aquel mismo día, 8 de abril, los norteamericanos también atacaron el edificio

desde donde emitía una televisión árabe.

A consecuencia de lo ocurrido, la familia de José Couso pidió que se aclarasen las

circunstancias que dieron lugar a que las tropas invasoras norteamericanas

disparasen contra el edificio donde se encontraba la prensa, la cual estaba allí

para informar del desarrollo de la guerra.

Poco días después de lo sucedido, la que era la ministra de Asuntos Exteriores

del impresentable de ese tal Aznar, Ana Palacio, dijo que, la muerte en Irak del

cámara de Telecino José Couso "aún en el caso de que fuera un error de un

blindado, no es una cuestión para condenar a un país, no tiene entidad desde el

punto de vista del Gobierno". Imagino que, sí tendría entidad en el caso de

haberse dado la situación en que el asesinado hubiera sido el hijo de aquel que

la nombró como ministra.

La familia de José Cuoso, viendo como se desarrollaban los hechos, hizo público

un comunicado, en el cual entre otras cosas se exponían que,: “se trata de un

brutal crimen de guerra, ya que tal hecho viola el protocolo adicional numero 1 de

1997 de la convención de Ginebra”.

En aquel mismo infame ataque, también murió el cámara ucraniano Taras Protsyuk,

de 35 años de edad, quien trabajaba para la agencia británica Reuters,

Precisamente, un día antes, también perdió la vida otro periodista, Julio Anguita

Parrado, de 32 años de edad, el cual se encontraba en Irak cubriendo la guerra

para un medio de comunicación de prensa escrita. A diferencia de lo sucedido a

José Couso y de Taras Protsyuk, Julio Anguita Parrado, informaba estando

dentro del contingente militar que mediante mentiras, originó la infausta invasión

del país soberano de Irak, por lo que se encontraba en una situación en la que

bien podía ser objeto de un ataque por parte de los defensores de Irak, que

legítimamente repelían la infame invasión perpetrada por las nefastas tropas

anglo-norteamericanas.

Se da la circunstancia, de que el periodista Julio Anguita Parrado, era hijo de Julio

Anguita, quien pocos años antes, era el dirigente que encabeza la formación

política genuinamente de izquierda del país. Formación política que tanto cuando

él la encabezaba, como también en la época en que se produjeron los hechos, se

mostraron enérgicamente contrarios a que las cuestiones se dirimiesen mediante

la fuerza, a trabes de actos de guerra.

En es trágico suceso, junto a él, falleció también Christian Liebig, de 35 años de

edad, reportero del semanario alemán Focus.

Julio Anguita, el cual siendo líder de la izquierda, siempre mostró su contrariedad

a la utilización de la fuerza. Al conocer la trágica muerte de su hijo, maldicio

amargamente la existencia de aquello que eran responsables de esa abominable

guerra.

Como las autoridades, tanto las norteamericanas, como también las autoridades

españolas, no mostraban predisposición para que se llevase a efecto el

esclarecimientos de los hechos. La familia de José Cuoso presentó una demanda

ante los tribunales, para que estos instruyeran el caso a fin de aclarecer lo

ocurrido.

La justicia española, tras estudiar el caso, dictó orden internacional de busca y

captura de los militares involucrados en los hechos que causaron la muerte de

José Couso. Estos militares han sido requeridos para esclarecer los hechos por

los cuales se disparo contra el edificio donde de encontraba la prensa, causando

la muerte de dos periodistas, José Couso y Taras Protsuk.

Se ha tenido que dictar orden internacional de busca y captura, porque los

norteamericanos no han accedido a cooperar con la justicia, ya que sostienen

que sus tropas no deben presentarse ante tribunales ajenos a sus propios

tribunales.

Al tratarse de un crimen de guerra, judicialmente, los acontecimientos ocurridos

no prescriben, por lo que aunque pasen años, estos militares, si algún día salen

del territorio norteamericano, podrán ser llevados ante la justicia, para aclarar lo

sucedido.

Imagino, que de haber controlado la incomoda presencia de los medios de

comunicación, habrían podido escenificar deliberadamente el escenario idóneo,

para hacer creer al mundo que habían encontrado las tan temibles armas de

destrucción masivas, las cuales eran una terrible amenaza para el “mundo

libre”. Y digo “mundo libre” entre comillado, porque el mundo no es libre si se le

utiliza mediante mentiras.

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